miércoles 3 de febrero de 2010

Opciones inexistentes


La opción número cinco no decía nada de momento. Permanecía callada, en el rincón de la cama, como si llevara ahí eternamente después de un susto enorme de los que paran la vida.
Había decidido que no quería salir, que se estaba bien ahí dentro, dejando entrar un hilito de luz de la ventana, jugando con ella al escondite inglés.
Se abrazaba desesperadamente a cinco millones de almohadas de plumas y se enredaba en piernas infinitas que no la dejaban moverse mientras hacía lazos de tres vueltas con la sábana bajera.
Se habían ido a mezclarse con los árboles, pero volverían pronto. Volverían de nuevo a ser ellos ahí donde nadie les ve, donde la opción número cinco sigue observando pacientemente mientras se respiran hondo la nuca, justo ahí donde empieza el pelo, donde huele a sus nombres de leña de invierno.

martes 26 de enero de 2010

Cortázar escribe para mí.


“Sé que un día llegué a París, sé que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven. Sé que salías de un café de la rue du Cherche-Midi y que nos hablamos. Esa tarde todo anduvo mal, porque mis costumbres argentinas me prohibían cruzar continuamente de una vereda a otra para mirar las cosas más insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya no recuerdo. Entonces te seguía de mala gana, encontrándote petulante y malcriada, hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metíamos en un café del Boul Mich y de golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida.”

lunes 18 de enero de 2010

Volver a...


Hasta mi cuenta de Gmail me lo dice. Tiene huevos el asunto.

jueves 14 de enero de 2010

Todos esos momentos se perderán en el tiempo, si no los escribo en una libreta, como lágrimas en la lluvia.



Me dijo, un tanto después de que ya hubiera pasado velozmente desde nuestros pies al otro extremo del campo, que el conejo era blanco y que llevaba reloj. Salió disparado el bichito, como si se hubiera asustado mucho en el momento en el que el otro me ponía en el pelo un cardo borriquero. Seguir al conejo blanco, seguir al conejo blanco, seguir al conejo blanco… perseguir a algo o a alguien ciegamente, persecución que terminará en aventuras y descubrimientos, niña sin eñe.

Semanas después de esta anécdota que ninguno habréis creído, aparece un erizo de un metro y cincuenta y seis centímetros de diámetro en medio de la carretera.
Imagina que son las cuatro de la mañana o así, que has tomado mucha ginebra barata en una discoteca llena de gente horrible y que no tienes casa. Piensa en tu coche y en una carretera que hace más eses de las que tiene la palabra SUSPIROS y en unos faros que iluminan más allá de Orión. Mira ahora como la carretera de las eses interminables tiene un puente imaginario de color verde que hace que esquives sutil y suavemente a un erizo de un metro y cincuenta y seis centímetros de diámetro. ¿Lo ves?
Yo vi claro, cuando decidí dar la vuelta, coger el erizo con las manos y pasárselo a las suyas, que había que dejar espacio entre, no pincharnos para.

Os habéis creído algo? Yo tampoco. En realidad bien, porque era todo mentira.

miércoles 6 de enero de 2010

Desconcierto


Y ahora, por mucho que intentara encontrar una explicación a todo lo que había visto durante ese tiempo, estaba más perdida que nunca.
Ella que siempre montaba estructuras y encontraba un orden lógico en pensamientos caóticos, estaba totalemente desconcertada. La única conclusión que sacó al final fue que no le gustaba nada la sensación de no saber cuál era el siguiente paso que tenía que dar.

domingo 20 de diciembre de 2009

Mudancitas


Cuando perdía el control de las cosas y una vajilla entera se le rompía dentro del estómago, cerraba los ojos muy fuerte para intentar llorar los cristales rotos. Al no conseguirlo recurría a lo que siempre le daba resultado: pensaba en aquello que tenía y que sabía a ciencia cierta que jamás se le iba a estropear. A partir de ese momento, el vidrio fragmentado volvía a tomar forma de vaso y volvía a la caja de mudanzas que ponia "cocina", de la que nunca debió salir.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Lluvia que todo lo limpia


¿Os he contado alguna vez que en un bucle de Animal Collective que sonaba en el Primavera Sound, me mareé, y aturdida no pude reprimir el vómito etílico emocional mientras se repetía histéricamente algo que yo entendí como Eva Eva Eva Eva? Al salir del recinto llegué a un hotel y volví a vomitar, esta vez en el lavamanos. Después sé que llovió a cántaros. No llegué a mojarme.

El caso es que el otro día por la mañana, con algunos rizos de más, un sueño de menos y un colacao en un bol, volví a oír a los Animal Collective resonando con retintín en mi cabeza. Me mareé otra vez. No llegué a vomitar. Salí de donde estaba para irme a una especie de hotel llamado casa de mis padres. Llovía a cántaros, y aunque iba en el coche, esta vez sí que me mojé. Totalmente calada. Colada hasta los huesos.

jueves 10 de diciembre de 2009

Y&J


Iba a escribir hoy la niña sin eñe sobre lo fea que pintan la historia sobre Yoko y John. Sobre el amor vapuleado e incomprendido y criticado hasta la saciedad, sobre lo que puede significar una foto desnudo, justo antes de morir, abrazado al amor de tu vida que ni siquiera te mira. Sobre una japonesa menuda que siempre va vestida de negro y termina conquistando al gran Beatle a fuerza de cabezonería. Sobre la ñoñería máxima y me arranco la piel a tiras.
Pero de repente, y recopilando datos con ayuda de nuestra señora la Wikipedia, se da de bruces y salta de la silla como de susto en bucle otra vez, la niña sin eñe, la niña de los peines, la niña de los cojones, al ver y comprobar, al remirar otra vez, sus fechas de nacimiento.

sábado 5 de diciembre de 2009


Bob Dylan le cantaba Just like a Woman a Edie Sedgwick antes de irse a dormir. Todas las noches, lo juro. Lo sé porque me lo dijo aquél, un día cualquiera de un año que no recuerdo qué año era. E imaginé ser la Sedgwick por un momento. Con sus Velvets Undergrounds, Warhols y toda la parafernalia de las anfetas y el arte moderno; viva el rock and roll.
La idea me aburrió, verdaderamente, y pensé que estoy mejor así, mirando crédula y asombrada a la vez, a una persona que me jura y me rejura que es capaz de partir una nuez con el dedo gordo del pie.

domingo 29 de noviembre de 2009

Un momento, que no he terminado.




Opción número cuatro (y no prevista hasta ahora pero aún así la más deseada):
Aún no conociéndose de nada y habiéndose acostado durante un mes justo (un día como hoy del mes anterior a éste: octubre de mis amores), discutían acaloradamente en el coche por culpa de los inexplicables celos de ella (o explicables, pero no entraremos en detalles, ya sabemos que él siempre tiene la razón).
Él le mete un portazo en la cara que es como un hostión de Presing Catch como los que metía Hulk Hogan en sus mejores tiempos. Ella llora sin lágrimas pero porque no sabe o ya no tiene de eso, y arranca el coche como una quinqui cualquiera al más puro style Fernanda Alonso cuando ganaba mundiales de coches velocísimos.
Ella se arrepiente porque quiere, quiere, quiere, ansía en realidad, no dejar de verle nunca, (esto es repetición de la opción número tres del capítulo anterior) y le llama exigiendo presencia en casa a la hora que sea, de la manera que sea, del modo que él quiera, y él, sorprendentemente, acepta.
Lo que viene después no se sabe todavía. Imagino que él le echará la bronca al día siguiente, porque no entiende sus reacciones y/o no las comparte en absoluto. Ella reirá como si se hubiera dado un golpe en el cráneo contra una pared enfundada en un póster de Uma Thurman teñida de morena, y no porque le haga gracia, sino porque duele tanto como un golpe en la cabeza contra una pared enfundada en un póster de Uma Thurman teñida de morena.
Ella es mayor, o eso quiere creer. Se pregunta muchas veces que qué coño está haciendo con su vida. Que qué hace mirando un campo lleno de acelgas a las doce del mediodía, llevando puestos todavía los tacones de diez centímetros, acariciando las cabezas de dos perras que no son suyas.
Ella quería estar sola, vivir sola, no preocuparse por nada. Definitivamente el destino resulta que da sorpresas, je! Sorpresas y… Buh! Te encoñas. (usamos aquí encoñar como eufemismo de enamorar, no vaya a ser que se nos asuste alguien)
El problema real de ella es que por una vez en su puta vida, no sabe qué hostias dirá la opción número cinco, que vendrá siendo, solamente por esta vez, una continuación de la cuatro. Coño.

jueves 26 de noviembre de 2009

Patetiquismo en espiral



Momento que nos gustaría vivir a cualquier mujer y con el que se nos caerían las bragas al suelo, y que además son las cosas que ninguna de nosotras deberíamos hacer. Es decir, aplica si eres lista el contrario a todas las respuestas de ella.

El: No aguantaba más y tenía que llamarte. Dónde estás, necesito follarte ahora mismo.
Ella: (Risa nerviosa) Estás loco. Estoy en casa, claro.
El: ¿Sola?
Ella: Ya sabes que sí.
El: ¿Qué llevas puesto? No te habrás puesto ya el pijama…
Ella: (ella en pijama de Winnie The Pooh) En pijama? Son las siete y media de la tarde. No, no voy en pijama. Qué es esto? Una línea caliente? No pienso contestarte.
El: Vas en pijama. Vístete. Estoy en el portal de tu casa. Baja, te beso, te secuestro después y nos vamos a cenar. Tráete unas bragas limpias porque hoy duermes en mi casa. He dicho.
Ella (ya imbécil perdida, risa nerviosa otra vez) Tardo un minuto. (Mientras dice esto ya se está cambiando de ropa interior)

Ella se pone los vaqueros corriendo, su mejor jersey, se pone un poco de blush en las mejillas y baja a toda prisa. Una vez en el coche él le hace abrir el maletero. Dentro hay un cadáver y un bolso de Mulberry. Ella obvia el cadáver, él sigue siendo perfecto. Abraza el Mulberry y le abraza a él (en ese orden). Se van a casa de él, pasan de cena, follan y duermen abrazados. Ella sueña que él le dice que la quiere, y hasta se lo cree a la mañana siguiente, cuando le contesta que ella también. Él la mira contrariado, le dice que tiene, que tiene, que tiene muchas cosas que hacer, entre ellas poner una lavadora. Ella sonríe, Él le dice que se de prisa en desayunar, que llegará tarde a trabajar. Ella se va a casa y escucha en el coche Come Rain or come shine de Billie Holiday y canta muy bajito aquello de You’re gonna love me like nobody’s loved me.

Posibles finales:

Opción número uno y la más probable: Él no la llama nunca más. Ella vuelve con su ex.
Opción número dos: Ella le sigue el juego durante bastante tiempo, deja que sea él el que marque las pautas de la “relación”, él termina enamorado de ella y salen juntos durante dos años. Todo es perfecto, se van a vivir juntos, piensan en comprarse una casa. Ella se aburre, él ya no la secuestra. La relación se termina. Ella sigue riendo con risa nerviosa, pero con otro él de nueva cara y nombre diferente.
Opción número tres: Se divierten durante un tiempo, sobre todo él. Ella sufre, llora y quiere verle a todas horas. Dos meses después él vuelve con su ex.

martes 24 de noviembre de 2009



“Yo ya no sé si soy o no invisible.

Lo que está claro es que la desconocida se me plantó delante y después salió huyendo.

Sea como fuere, por un momento pareció esfumarse para siempre”

viernes 20 de noviembre de 2009

Soy invisible (Primera versión de una serie con los mismos elementos)


“A.D. no era invisible.

Solamente se escondía de todo.

Y a fuerza de ocultarse se extravió de sí mismo”

A. se escondía en la transparencia de sus cortinas y en el blanco de las paredes de su casa de campo. Se evaporaba de repente y sin dejar pistas nunca, huyendo en fusión perfecta con el aire de su ventana. A veces se creía sorprendido y en cuatro pasos de piernas largas y de un saltito minúsculo subía al pozo, que cedía a su peso y le obligaba a practicar buceo libre hasta el riachuelo de su pueblo, donde me daba de beber.

A. se mueve entre árboles abandonados ahora, en enormes casas solitarias que albergan cientos de recuerdos de la infancia. Y mientras aparta la maleza mira lacónicamente todas esas mandarinas podridas en el suelo, que asumen resignadas su final de fruta abandonada. Y me besa a escondidas.

A. toma caminos alternativos y carreteras secundarias. Escondido conduce a toda prisa con los ojos vendados y saca la cabeza por la ventanilla para secarse el pelo. A. me mira y me sonríe mientras vomito a gritos algún monosílabo a las ovejas, las únicas que parece que no nos vigilan.

A. piensa en lunas de miel sin boda previa. En seguir llevando ese trocito de vida convertido él en espectro, y en liberadores bailes bajo la nieve de películas preciosas de los años noventa. A. se cree etéreo, pero no lo es. A. disimula, se oculta, huye. Lo que A. no sabe, y probablemente no sepa nunca, es que tanto disfraz no es necesario porque yo, aunque ustedes no lo crean, sí soy invisible.



sábado 10 de octubre de 2009

La muerte


Muchas veces he soñado que me moría. Muchas veces menos la otra noche, que estaba despierta y me moría de verdad. Un gran hermano en la tele, y de repente siento como mi cuerpo es simplemente un cuerpo y la cabeza me pide perdón, y me levanto de un salto de la cama para abrir la persiana y sacar la nariz a respirar aire puro. Algunos lo llaman ansiedad. Así, como cualquier cosa. Yo lo llamo morirme en vida.
Desde ese día, que fue ayer, veo las cosas de otra manera. Imagino que mañana ya se me habrá pasado.

sábado 30 de mayo de 2009

Creo que he encontrado la manera de hacerme entender cuando digo que Barcelona no me gusta.
Si sabes entender según qué codigos me comprenderás cuando digo que no me gustan los sitios donde venden jamón serrano en tiendas delicatessen.

Otra cosa que iba a decir es que a veces solía escribir en un espacio concurrido. Ahora ya nadie sabe donde vivo.

jueves 21 de mayo de 2009




Me preguntaba el otro día mi mejor amigo Miquel, que qué diría si me propusieran volver a tener 15 durante una semana entera. Despúes de no pensar mucho dije sí. Él también dijo sí, claro. Y sin miedo los dos a nada, como antes de los casi 30.
Y después pensé en aquél que tan amigo nuestro era y que ahora está casado y acaba de tener un hijo, y de como lo echo de menos, de como lo echamos de menos los dos. De lo mucho que nos reíamos y de los velódromos enteros que quemábamos. De que él no sabe que lo sabemos, que no sabe tampoco que lo echamos de menos. De lo lejos que queda todo y de que no, Miquel, que nunca más volveremos a tener 15 años.

miércoles 15 de abril de 2009


17/02/09

Hoy me ha pasado que he ido a casa de una amiga que hacía muchos años que no veía y de repente no tenía gran cosa que contarle. No sé si me ha hecho pensar que vamos cambiando con el tiempo el que me dijera que antes, cuando éramos amigas de a diario, siempre venía con algún escándalo rebosando en los bolsillos.
Y me he quedado en blanco después. Un arroz brillante en el fuego que hace chup chup y un extractor de humos que compite en ruido con las obras del vecino mientras yo hago un esfuerzo por recordar algo interesante que relatar cuando me viene a la cabeza de repente, y me arranca una sonrisa, el sueño de esta noche. Estaba en un concierto de los Wave Pictures en el patio de un colegio, en un festival muy casero, y nadie venía a verlos, y mientras cantaban eso de The sun came in like a pack of orange spaniels through the window, yo hacía volteretas flotantes en el aire. Y todos reían. Se acabó mi serie de pesadillas.



5/02/09

En el bellas artes han puesto baños de diseño. Me di cuenta el otro día cuando entré porque casualmente me meaba a la altura de la plaza del tubo. Recorde entonces, entre lavamanos automáticos, blancos nucleares e inodoros con media descarga que cuando yo frecuentaba el instituto, allá por el 96 más o menos, lo que había era un agujero en el suelo.



29/01/09

Tengo ilusión porque nos vamos a aprender corte y confección.
Quién me lo diría, yo que no sé coser un botón y soy nieta de modista.
Nos vamos a reír un poco, me han dicho, tanto que reivindicaremos clase de costura como asignatura obligatoria de la ESO.
Ya me veo a Rosa haciendo patrones con forma de gin tonic, y a Magda tiñendo a la profesora de platino mientras yo río y río y río.
El que se aburre en esta isla es porque quiere. Y el que no quiere va mañana a la sala Papagayo, a ver/oir a The Redsuns, que oye, me parece que no están mal del todo, no?



20/01/09

The Wave Pictures

Bardens Boudoir. London.

Viernes 16 de enero del 2009